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Historia de las Ramas:

En busca de algún símbolo que pudiera resumir la historia de El Río y que pudiera servir de fondo para el altar de la nueva sede de la iglesia.

Algún día fuimos a saludar a una tía de Natalia que se ha destacado por su habilidad manual. Al llegar a su casa vimos una especie de cuadros hechos por ella y que se componían de ramas de árboles que ella muy hábilmente unía. Al ver eso, decidimos con Nati, pedirle que nos hiciera uno para la iglesia.

En dos semanas, llegó con una estructura de gran formato de ramas de árboles que encontraba en el parque y que unió dando la forma de un río.

Cada rama tenía un valor y significado profundos. Había, por ejemplo, ramas que ella misma había desechado pues le parecían demasiado frondosas o demasiado secas, y las tiró a la basura. Al día siguiente, el portero del edificio en donde ella vivía, que la veía recoger las ramas del parque, las subió de nuevo al apartamento de ella pensando que habían cometido un error al verlas allí.

Ella, queriéndose deshacer de las ramas las llevó de nuevo al parque cerca de su casa, asegurándose de dejarlas amontonadas en la acera por donde pasaba el carro de la basura. Al día siguiente. Llegaron sus nietos de visita, y ella les pidió que fueran al parque y le ayudarán a traer ramas para el trabajo que estaba haciendo. Y cuál fue su sorpresa al ver que los niños trajeron las mismas ramas que ella había tratado de desechar. En ese momento, ella entendió que El Río, no era una estructura de gente perfecta,Sino de aquellos que pensamos que no sirven, que no cumplen los requisitos, de aquellos que, tal vez, han sido rechazados o desechados.

En la semana siguiente, ella, al levantarse a trabajar, sintió como Dios la guiaba a recoger unas ramas que estaban tiradas en el caño que quedaba cerca de su casa. Ella pensó “pero para qué voy a querer esas ramas sucias”. Sin embargo, decidió obedecer la voz que le insistía. Las llevó a casa y empezó a limpiarlas.

Su casa se llenó de piojos y pulgas que traían esas ramas, sin contar con el olor a cañería que ellas traían, pero Dios le decía que esas eran las ramas que a Él le interesaban, que Él también amaba esas ramas. Así que con paciencia y amor (al igual que Dios con nosotros), fue limpiando una a una las ramas y estas fueron cambiando su apariencia hasta quedar limpias y listas para un nuevo sentido de vida.

Otras ramas fueron recogidas de otros parques y de otros montones que habían alistado para quemar o tirar a la basura. Algunas ramas fueron recogidas cargando frutos, otras con hojas, otras completamente secas y dañadas. Hay unas ramas pequeñas, casi insignificantes, pero son las que apoyan las ramas grandes en la formación de la estructura, hay otras que son más vistosas pero al mismo tiempo frágiles, otras son gruesas y sólidas mientras que otras son delgadas y flexibles. Pero todas tienen en común, que fueron limpiadas, restauradas, pintadas para darle una nueva significación a su existencia.

Hay una rama en el medio que fue pintada de dorado con un hilo rojo atado a ella, como un símbolo de la Nueva Jerusalén, la que fue rescatada por la sangre de Jesús, que nos recuerda nuestra esperanza y nuestro destino. De la misma forma, el Río, es una unión de ramas (Somos las ramas, los pámpanos) que forman un fluir, todos unidos por historias de dolor, pero con la esperanza de lo que viene, todos sacados, de alguna manera, de caños, de parques, de basureros, desechados o fracturados, pero necesitados de la mano de aquel que nos puede limpiar, restaurar y resignificar nuestras vidas; Jesús. Y todos unidos, en nuestras fortalezas y debilidades, en nuestras virtudes y desaciertos, para permitir un luir en el cual otros puedan llegar y encontrar un fluir de vida que da propósito.

Andrés Vargas El Rio - Iglesia Cristiana