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La historia de José Dimas y Consuelo:

Conocimos al Señor a los dos años de habernos casado y muy pronto nos interesamos por trabajar en la Obra de Dios. Nuestro campo de trabajo ha sido la enseñanza de la palabra.  Nuestra historia en El Río comenzó con un propósito de Dios. En el aeropuerto de Houston tuvimos una conexión divina con Andrés Vargas. Todavía no existía la iglesia y Andrés y Naty estaban radicados allí.  Mucho tiempo después, nos encontrábamos con mi esposa en busca de un lugar donde poder servir activamente. Habíamos estado asistiendo a Mega-iglesias y nos habíamos sentido descontextualizados de lo que para nosotros siempre ha sido nuestro propósito en la obra del Señor: servir

Para este momento ya la iglesia había surgido y estaba en sus comienzos. Una de mis hijas que había hecho contacto con Andrés, nos propuso asistir un domingo al servicio y fuimos acogidos por el pastor. Hicimos el acuerdo de orar un mes para pedir a Dios la guía acerca de si quedarnos en El Río o irnos. Pasado este tiempo, Andrés nos preguntó acerca de nuestra decisión. Ya el Señor nos había guiado a quedarnos.  Debido a la forma como fuimos levantados hace muchos años en una iglesia pequeña en la cual el pastor tenía líderes dedicados a llevar enseñanza a los nuevos para afirmarlos, estrategia que fue utilizada con nosotros, surgió en nuestro corazón el interés por trabajar en la formación de las personas nuevas, pues cuando una persona afianza bien su vida en Señor desde sus inicios, generalmente permanece fiel al Él.

Siempre hemos tenido la inquietud en nuestros corazones de ser parte activa del trabajo en la iglesia y nuestro enfoque ha sido acerca de la enseñanza, hacia la iglesia y también hacia las personas nuevas. Planteamos a Andrés nuestras inquietudes al respecto y él acogió la idea y se creó El Discipulado.  El propósito de este trabajo es el de afianzar a las personas en fundamentos claros de la Palabra bajo la guía del Espíritu Santo, enseñándoles a depender de de Dios a partir de una relación genuina con Él. El Discipulado no pretende llegar únicamente a las personas nuevas sino que lo que busca es el crecimiento espiritual de la iglesia en general y por eso está abierto a todos.

No se pretende buscar aumento del conocimiento sino, especialmente que la presencia misma del Espíritu Santo utilice este trabajo como un instrumento para desarrollar en las personas una relación de dependencia del Señor, de modo que a través de la obediencia a su Palabra, cada uno se convierta en un agente de la denominada Gran Comisión.  Actualmente, existen 4 niveles y en la dinámica del E.S. Continuaremos haciendo los cambios que nos guíe a hacer.

Dios no es un Dios de esquemas y no creemos que el esquema actual vaya a ser permanente. Queremos ser entendidos y obedientes acerca de lo que Dios quiera hacer en esta propuesta. El interés es el trabajo interpersonal y un escenario abierto y participativo en el que se dé lugar a la solución de inquietudes particulares para lograr el crecimiento espiritual de los miembros de la iglesia.  De otro lado, algo esencial en lo que hemos podido avanzar en El Río es en el aspecto práctico: Hemos aprendido a orar, orando, aprendemos a servir, sirviendo, a interceder intercediendo.

Se nos ha dado la oportunidad de orar por otros, de ver en ellos y en nosotros mismos la respuesta de Dios, la oportunidad de dejar de ser espectadores y pasar a formar parte del plan de Dios en la vida práctica. Cristianismo práctico.  Las reuniones de oración de los martes y los jueves a las 6 de la mañana son una fuente de inspiración y fortaleza para el diario vivir y para soportar y superar las circunstancias difíciles de la vida. También hemos ido aprendiendo a escuchar más claramente la voz de Dios y su guía frente a circunstancias particulares de la vida, y entendemos que en este tema como en casi todos  es necesario seguir aprendiendo permanentemente.

El balance que podemos hacer acerca de la forma como el enfoque de la iglesia ha afectado espiritualmente nuestras vidas es significativamente positivo. Poder ser parte activa de las dinámicas y proyectos de la iglesia, no solamente se constituye para nosotros en un desafío sino a la vez en una fuente de crecimiento y progreso espiritual. También implica una responsabilidad delante de Dios y ante las personas y consideramos un honor poder ser parte de lo que Dios está haciendo en El Río.

Nuestro desafío más grande es ser capaces de permitir que el Espíritu Santo haga lo que quiere hacer, y poder ser utilizados en sus propósitos. Nos sentimos muy agradecidos con el Señor por habernos puesto en este lugar y también por la forma abierta, transparente y descomplicada con la que Andrés y Natalia han decidido conducir la iglesia, rompiendo los esquemas tradicionales y religiosos y acercándose de manera sencilla y amorosa al capital más importante de una iglesia: la oveja.

Reconocemos la obra del Señor en ellos cuando vemos la forma como Dios los usa y representan para nosotros unos líderes ejemplares, sencillos y dispuestos a seguir al Señor a toda costa.

Jose Dimas & Consuelo El Rio - Iglesia Cristiana